El sofisma de los prisioneros: una lógica encarnada

Los dos construcciones fundamentales del pensamiento de Lacan: por un lado, los tres tiempos lógicos del sofisma de los prisioneros —texto de 1945—, y por otro, los tres tiempos del complejo de Edipo tal como los reformula Lacan en la década de los cincuenta.

Aunque proceden de ámbitos diferentes, comparten una estructura idéntica: el surgimiento del sujeto a través del tiempo como operador lógico.

 

Lacan afirma que el sujeto no es un ser, sino un efecto temporal.

 


El sofisma de los prisioneros: una lógica encarnada

Imagina una cárcel antigua, de muros gruesos, donde el silencio pesa. Una mañana, el director —un hombre de paso lento, severo pero metódico— llama a tres reclusos a su despacho. Los prisioneros entran al despacho del director, tensos sin mirarse entre sí. El director se levanta, se acerca al ventanal, y con una voz solemne les anuncia:

“Hoy vais a participar en una prueba lógica. A cada uno de vosotros os colocaré un disco en la espalda, el dicso sera de color blanco o negro. No podréis ver el vuestro, pero podreis ver le de los demas El primero que deduzca, con argumentos lógicos y justificados, el color de su propio disco… quedará en libertad. Pero… si os equivocáis, sumaréis diez años más a vuestra condena.”

La frase cae como una losa.

Los tres prisinerosse miran ahora sí fugazmente, no por curiosidad, sino por miedo.

Y en ese moemnto el director de la prision dice “Tenéis cinco minutos.” y con un gesto claro los conduce al patio.

La colocación de los discos

El patio es amplio, silencioso, casi ritual. Un funcionario acompaña al director y lleva tres discos en una tabla de madera. El director coloca el primer disco en la espalda de A. Mientras lo hace, B y C observan con atención: es color de A es blanco. Despues coloca el segundo disco en la espalda del prisionero B. Y A y C lo observan, el disco tamienb es de color blanco. Finalmente coloca el tercer dicsco en la espalda de C. A y B también lo ven y tambien es de color blanco. Ellos no lo saben todavía, pero el caso excepcional —que los 3 lleven el color blanco— es precisamente el que da lugar a la deducción más interesante.

El director se aparta unos metros, comprueba el reloj y dice: “Comienza el tiempo.” y acontinuacioel director se se marcha sin volver la vista, dejando a los tres hombres solos en un espacio frío, casi teatral.

El primer tiempo: el instante de la mirada

Lo primero que ocurre es exactamente lo que Lacan describe: un instante puro de visión, sin pensamiento articulado. A ve dos discos blancos. B ve dos discos blancos. C ve dos discos blancos. Cada uno registra lo que ve y lo que no puede ver. Y ese no poder ver —su propio disco— abre el espacio de la incertidumbre. El aire parece inmóvil. No hay palabras, solo silencio Es un instante que apenas dura unos segundos, pero que ya inaugura el tiempo lógico.

El segundo tiempo: la suspensión

Y entonces ocurre algo muy importante : nadie se mueve. Es ese silencio lo que transforma la escena. A mira a B y C. Cualquiera de los dos podría haber hablado ya… si lo hubiesen tenido claro. A piensa:

“Si yo fuera negro, B vería un negro y un blanco. Y si B viera eso, deduciría rápidamente si C tiene motivos para hablar. Si C viera dos negros, no dudaría: concluiría enseguida que él es blanco y se lanzaría corriendo hacia la puerta.”

A mira a C: pero C está paralizado. Igual que B. Ninguno se mueve. Ese tiempo que pasa —esa espera que no debería existir si estuvira viendo un disco negro— empieza a tomar forma como argumento. B y C hacen exactamente lo mismo, cada uno desde su ángulo. Es una especie de triángulo de especulación : mientras los prisionoero sen su interior piensan: “si yo fuera… él pensaría… él concluiría… y como no lo hace… entonces yo…” «El suspense se vuelve insoportable, no porque no vean su propio disco, sino porque cada uno está esperando a que el otro rompa la parálisis. El hecho de que todos permanezcan inmóviles es, paradójicamente, la única pista que tienen, y el tiempo para que esa inacción se convierta en certeza es lo que crea la tensión lógica.

El tiempo, esos cinco minutos. en lugar de ser un simple transcurso, se convierte en un operador lógico.

La espera es ya un dato.

El tercer tiempo: el momento de concluir

De repente, como si una misma chispa hubiese recorrido la mente de los 3 prisioneros a la vez A da un paso hacia la puerta. Casi en simultáneo, B y C hacen lo mismo. No porque se copien, sino porque el razonamiento ha concluido en los tres a la vez. Los 3 prisioneros dicen a la vez: “Mi disco es blanco.”

Pero aqui lo más importante es que la certeza final de su color no se formó en la tranquilidad de la mente, sino que solo se generó cuando el prisionero se apresuró a actuar. Lacan nos dice que el sujeto solo sabe su verdad cuando se ha jugado por ella; la certeza se adquiere, justo al dar el primer paso.» La deducción se completa solo en el momento en que se lanzan hacia adelante.

Se trata de una escena que tiene algo de tragedia antigua: tres hombres que no pueden saber, hasta que deciden actuar. Y al decidir, producen retroactivamente la verdad.

En ese momento aparece el director y la puerta de la prisión se abre: son libres! Los tres han acertado su color y por lo tanto han ganado pero… ¿Por qué ganaron? Ganaron porque su lógica no fue solitaria. No fue la de una calculadora.

No han ganado su libertad por un razonamiento interno aislado, sino por una lógica sostenida entre tres: cada uno ha pensado con la espera del otro. Aquí se ve, con claridad máxima, la tesis lacaniana: el pensamiento humano no es computacional, no es co,o el de una inteligencia rtificial que en el segundo uno ya tiene la respuesta. Sea corecta o no… Ganaron porque el razonamiento humano no es solitario. Es intersubjetivo, se construye con la duda y la espera del otro. Es temporal, porque necesita de esa suspensión y de la prisa final. Y esencarnado, porque la verdad se juega en el movimiento. La verdad, de hecho, siempre te viene de afuera. Y por eso, el sujeto surge, siempre, en el acto de jugársela.


Del sofisma al Edipo: la misma lógica estructural

Diez años después, en sus formulaciones sobre el complejo de Edipo, Lacan reutiliza esta estructura tripartita. El contenido cambia —ya no hablamos de prisioneros y discos—, pero la lógica es idéntica: tres tiempos que ordenan la constitución del sujeto sexuado en el lenguaje.

Primer tiempo del Edipo: la relación dual

El niño está en una relación de dos con la madre. Una díada imaginaria, sin Ley. El niño ocupa el lugar de aquello que la madre no tiene: el falo en tanto significante. El niño Se siente el centro del deseo materno. Es el falo para la madre, es decir de forma imaginaria, el niño es el objeto perfecto que la madre cree que necesita para estar completa y no desear nada más. En esta etapa, el niño se siente el centro total del universo de la madre Es una posición narcisista, fusional, sin límite.

Segundo tiempo: la irrupción de la Ley

Aquí entra la función paterna. No se trata del padre biológico; es la función simbólica que introduce la prohibición. El padre —o quien ejerza esa función— indica que la madre no es un ser absoluto, que también está sometida a una Ley por encima de ella El niño es privado de ser el objeto de completud materna; y la madre, privada de tener al niño como su “falo imaginario”. A partir de aquí, la dialéctica ya no es “ser” sino “tener”. Se instaura la castración simbólica: la estructura que permite que el deseo no quede atrapado en la fusión imaginaria.

Tercer tiempo: la castración universal

«El tercer tiempo es el final del juego, y es decisivo: Aquí entendemos que el padre tampoco tiene ese poder total (el falo). Si lo tuviera, sería un tirano, la Ley sería suya. Seria una dictadura absoluta a su antojo, y ya vimo lo que paso en el mito de la horada primitiva.

Pero no: el padre también está castrado, también tiene que obedecer las reglas. Esto es fundamental porque el poder se despega del cuerpo de cualquiera y se convierte en una idea, en un concepto que nos organiza a todos. Cuando esto sucede, se estructura tu posición en el mundo y defines tu lugar en la diferencia sexual. Pero, ¿qué pasa si esto falla? Si el padre no hace ese corte (la metáfora paterna), que el niño se queda pegado a la madre, sin la Ley. La persona no puede acceder al orden del lenguaje de forma completa, y es aquí donde Lacan ubica la Psicosis. Es una falla radical en la estructura misma del sujeto.»


Los tres tiempos aplicados a la diferencia sexual

En el Seminario 5, Lacan retoma literalmente los nombres del sofisma:
 

Instante de ver:

el niño observa la diferencia anatómica: percibe la falta en la madre.

Tiempo para comprender:

se pregunta, fantasea, se angustia. Reconoce que hay falta en el Otro.

Momento de concluir:

adopta una posición subjetiva frente a esa falta. Asume —o rechaza— la castración simbólica.

Una vez más, la estructura es la misma: ver, suspender, concluir.


Y por ultimo, y ya para finalizar, para concluir, y unir todas las piezas: el hilo conductor entre los prisioneros, el Edipo y la diferencia sexual, es este: el sujeto , que nunca aparece de golpe. Sino que se constituye, paso a paso, en el tiempo lógico:

  • Cuando mira (el instante de ver).

  • Cuando aprende a pensar con la presencia del Otro (el tiempo para comprender).

  • Y cuando se arriesga a actuar (el momento de concluir).

Por lo tanto el sujeto surge,, en el acto. Y por eso, la gran pregunta que debemos hacernos no es tanto «¿Quién soy yo?» sino «¿Cuándo soy yo?» Porque tu verdad solo aparece en el momento en que decides jugártela.

Samuel García

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