Delincuentes por sentimiento de culpa: cuando el castigo es el fin deseado

 

Cuando el Castigo es el Fin Deseado

Hoy voy a hablarte del concepto que Sigmund Freud describió en su ensayo de 1916: los “delincuentes por sentimiento de culpabilidad”.

Contrastaremos esta idea con los elementos fundamentales de la Dogmática Penal, analizando cómo la Ley interna del sujeto choca inevitablemente con el ordenamiento jurídico, la Ley externa. Ya que, para algunas personas, el castigo no es una disuasión, sino un fin deseado.


 

La Colisión: Psicoanálisis vs. Derecho Penal

La tesis freudiana del “delincuente por sentimiento de culpabilidad” plantea una cuestión profunda con los fundamentos del Derecho Penal moderno. Freud sostiene que, en ciertos sujetos neuróticos, el delito no se comete para obtener un beneficio, sino para satisfacer una necesidad inconsciente: la necesidad de ser castigados.

El acto criminal sería, así, un medio para calmar una culpa que ya existía, antes de cometer el delito.

Sin embargo, la Dogmática Penal descansa sobre principios que presuponen voluntad consciente y libre albedrío, lo que coloca ambas perspectivas en colisión directa. El Derecho Penal se enfoca en la imputabilidad y el dolo. La tesis de Freud nos confronta con una lógica que cuestiona esto: la existencia de ciertos sujetos que cometen un acto criminal precisamente para aliviar su culpa.


 

El Constructo Psicoanalítico: La Tiranía del Superyó

Para comprender la dinámica de estos delincuentes, debemos adentrarnos en la segunda tópica freudiana: el Superyó y su relación con la culpa.

El centro de este conflicto, lo que impulsa al sujeto a delinquir, es el Superyó. Piénsalo así:

  • El Superyó es nuestra conciencia moral interna, la instancia que nos juzga y nos prohíbe.

  • No es algo innato, sino que se forma en nuestra infancia, específicamente en la resolución del Complejo de Edipo.

Este proceso ocurre cuando el niño se ve obligado a renunciar a ciertos deseos primarios (eliminar al padre, poseer a la madre). Esta renuncia es la base de la cultura: aceptamos que hay reglas que sostienen el lazo social. Al renunciar a esos deseos, el niño internaliza la prohibición y la figura de la autoridad.

El Superyó es el heredero directo del Complejo de Edipo, y es la primera inscripción de la Ley social en nuestra psique. Es, en esencia, la voz de la autoridad, el juez interno que nunca descansa.

 

El Problema de la Severidad

En los casos de los delincuentes por culpa, este Superyó no es un juez justo, sino más bien un tirano cruel. Se caracteriza por una severidad desmedida o hipertrofia, como menciona Freud. Actúa contra el propio Yo con una violencia implacable, castigándolo mediante un sentimiento de culpa intenso y, lo más importante, inconsciente.

Esta culpa interna es tan insoportable que el sujeto busca desesperadamente un medio para traducirla a la realidad, y lo hace a través de la Ley externa.

Su mecanismo de escape es cometer el delito para que finalmente llegue la ansiada recompensa: el castigo real (la prisión), y así satisfacer la exigencia brutal de su juez interno: el Superyó.


 

El Punto Crítico en la Teoría del Delito

La tesis de Freud choca directamente contra uno de los pilares inamovibles de la Teoría del Delito. Para que una acción sea punible, debe cumplir tres requisitos (los pilares):

Pilar Concepto Clave Descripción Breve
1. Tipicidad Conducta Descrita El acto debe estar descrito en la ley. No se castigan deseos, solo actos jurídicamente definidos.
2. Antijuridicidad Contradicción Legal El acto debe contradecir el orden jurídico (no estar justificado por legítima defensa, etc.).
3. Culpabilidad Juicio de Reproche El punto crítico. Se castiga cuando al sujeto le era exigible actuar conforme a la norma.

 

La Culpabilidad requiere:

  • Libre albedrío.

  • Capacidad de comprender la norma.

  • Capacidad de decidir.

Por ende, la Dogmática Penal exige voluntad consciente en la acción.

Aquí es donde Freud cuestiona el esquema: No todo acto es libre, aunque lo parezca.

En el caso del delincuente por sentimiento de culpa, el delito está determinado por el Superyó. El sujeto siente, sin saberlo, que debe ser castigado. La culpa no aparece después del delito; la culpa ya existía previamente. El delito es la vía para obtener el castigo y así calmar la culpa inconsciente que lo atormenta.

El acto de cometer el delito es querido y buscado, sí. Pero la causa que lo impulsa no es una causa libre. El sujeto neurótico estaba determinado a cometerlo por una fuerza interna inconsciente.

 

¿Qué sucede con la Imputabilidad?

El Derecho Penal exige intención consciente (dolo).

En el delincuente por culpa, la motivación profunda no es racional, económica o práctica. Es una necesidad interna: tiene que pagar por algo que ni siquiera el sujeto sabe.

  • ¿Entiende la norma? Sí.

  • ¿Sabe que está mal? Sí.

  • Pero… ¿podría actuar de distinta manera?

¿Podría un sujeto neurótico elegir no cometer el delito cuando su libertad de decisión está comprometida y su acción está determinada por un Superyó implacable? Esta es la pregunta que la teoría freudiana deja abierta en el ámbito penal.


 

La Pena como Refuerzo del Síntoma

El Derecho espera que la pena prevenga nuevos delitos (Prevención General) y que rehabilite al delincuente (Prevención Especial).

Pero ¿qué sucede en el caso del delincuente por culpa?

La pena, lejos de corregir e intimidar al sujeto, lo que provoca es satisfacer el deseo inconsciente. Para este sujeto, la pena es un alivio, una expiación de la culpa.

Cuando el alivio desaparezca y vuelva a aparecer el sentimiento de culpa, cuando se repita el síntoma, el sujeto volverá a reincidir, en búsqueda de un nuevo castigo.

Por eso, para el neurótico con sentimiento de culpa, castigar no resuelve, sino que refuerza el ciclo.

 

Conclusión y Solución Psicoanalítica

La tesis de Freud nos dice que el delincuente con sentimiento de culpa no busca obtener poder, dinero o placer. Lo que busca es ser castigado.

No porque no tenga conciencia moral, sino porque tiene una conciencia moral implacable. El juez más duro está dentro de él: el Superyó.

En este caso, la pena por sí sola fracasa. No cumple su objetivo de resocialización y reinserción social del condenado. La conducta de este delincuente neurótico solo se podría modificar a través del trabajo psicoanalítico:

  1. Trabajando en la articulación de la culpa inconsciente.

  2. Desligando la necesidad de castigo del acto criminal.

Esto permite que el sujeto deje de sentirse culpable donde debería sentirse inocente y, por fin, en libertad.


 

Esquema del Ciclo Neurótico

Fase Descripción del Mecanismo Inconsciente
1. Origen Complejo de Edipo no resuelto.
2. Conciencia Interna Superyó hiper-severo y sádico (culpa inconsciente brutal).
3. Presión El Yo no soporta la presión interna.
4. El Acto Comete un delito «tonto» o simbólico.
5. La «Recompensa» Llega el castigo externo (policía, juez, cárcel).
6. Alivio Temporal El Superyó se calma: «Ya pagaste». El sujeto se siente «en paz».
7. Reincidencia El alivio es temporal. La culpa vuelve a acumularse → Vuelve a delinquir.

Represión Primaria y Represión Secundaria

En el marco del paradigma psicoanalítico, los términos «represión primaria» y «represión secundaria» delinean dos procesos psicológicos fundamentales empleados por el individuo para abordar y gestionar contenidos mentales que podrían inducir a conflictos o angustias.

La represión primaria se refiere a la respuesta instintiva por la cual los contenidos mentales considerados amenazantes o socialmente inaceptables son desplazados desde la esfera de la conciencia hacia el inconsciente, funcionando como un escudo protector ante el surgimiento de pensamientos o deseos disonantes.

En cambio, la represión secundaria implica la intervención consciente del ego, que actúa como filtro para regular qué pensamientos y deseos son permitidos en la esfera de la conciencia. Estos mecanismos subrayan la complejidad de la psique humana y su capacidad para gestionar internamente los impulsos y deseos en aras de mantener la integridad emocional.

Represión Primaria

La represión primaria aborda el nivel inconsciente del proceso psíquico. Se refiere a la respuesta instintiva por la cual los contenidos mentales considerados amenazantes o socialmente inaceptables son desplazados desde la esfera de la conciencia hacia el inconsciente.

Este mecanismo es esencialmente automático y opera como un escudo protector ante el surgimiento de pensamientos o deseos que puedan causar disonancia interna. La represión primaria asegura que tales contenidos se mantengan en el reino subyacente de la mente, donde no puedan ejercer influencia directa en la experiencia consciente.

El recuerdo asustador: Un niño que se asusta mucho por un perro grande. Esa experiencia es tan aterradora que su mente guarda el recuerdo lejos para que no se asuste nuevamente. Ahora, el niño podría tener dificultades para recordar por qué tenía miedo de los perros.

Cosas que no hablamos: A veces, hay cosas que queremos hacer o decir, pero sentimos que no están bien. Por ejemplo, podríamos querer hablar de temas personales, pero en lugar de hacerlo, mantenemos esas cosas ocultas para no sentirnos mal.

Represión Secundaria

Por otro lado, la represión secundaria implica una participación más activa y consciente por parte del individuo. Este proceso implica la intervención del ego, la instancia psíquica encargada de mediar entre las demandas del mundo interno y externo.

En el contexto de la represión secundaria, el individuo adopta un enfoque consciente para filtrar los contenidos mentales antes de que lleguen a la conciencia. El ego actúa como un censor, evaluando los pensamientos y deseos potenciales y determinando si deben ser permitidos en el campo de la conciencia. Esta forma de represión es menos automática que la primaria y refleja un proceso más elaborado y cognitivo.

Evitar lugares que dan miedo: Si alguien se asusta mucho en un ascensor, podría empezar a sentir miedo de entrar en uno. Para evitar sentirte asustado, decide ir por las escaleras en lugar del ascensor.

Esconder cómo nos sentimos: A veces, podemos estar enojados o frustrados, pero decidimos no mostrarlo. Mantenemos esos sentimientos adentro y nos comportamos de manera amable para que los demás no se den cuenta de cómo nos sentimos.

El Concepto de Falo

El concepto de falo en el contexto del psicoanálisis, tal como lo exploraron Sigmund Freud y Jacques Lacan, revela la complejidad de cómo los niños desarrollan su comprensión de género y deseo, así como la manera en que las dinámicas familiares influyen en esta construcción.

 

Freud

Desde la perspectiva de Freud, el falo se refiere a una teoría infantil en la que los niños creen que todos tienen un pene. Este concepto cobra especial relevancia para los niños, ya que otorga un sentido de valía y poder al poseer un órgano que, en la sociedad, se asocia con la masculinidad.

Por otro lado, las niñas, al no tener un pene, pueden experimentar una sensación de carencia o falta. La madre también desempeña un papel crucial en esta dinámica, ya que las niñas pueden percibir que sus madres sí tienen el falo que ellas sienten que les falta, lo que puede influir en la forma en que se relacionan con sus madres y con su propia identidad.

Un niño pequeño que está en la etapa en la que está descubriendo las diferencias entre los sexos. En esta etapa, el niño puede creer que todos, tanto niños como niñas, tienen un pene. Esto se debe a que el niño siente que su propio pene es importante y valioso.

A medida que el niño crece y aprende más sobre las diferencias entre los sexos, puede darse cuenta de que las niñas no tienen un pene. Esta comprensión puede generar una sensación de sorpresa o incluso de confusión en el niño. Freud sugiere que este descubrimiento marca un momento importante en el desarrollo del niño y se conoce como la angustia de castración.

Lacan

Lacan, por su parte, profundiza en el concepto de falo al asignarle un significado simbólico dentro de la estructura del complejo de Edipo. En esta perspectiva, el falo no se refiere simplemente al órgano físico, sino que adquiere una dimensión simbólica que refleja una falta fundamental en el individuo.

A lo largo del desarrollo, el falo se transforma en un símbolo que trasciende la noción física, adquiriendo diferentes significados en distintas etapas de la vida. Desde la creencia inicial en la completitud a través del pene, hasta su función como símbolo en el complejo de Edipo, el falo representa la forma en que nuestras percepciones de falta y completitud se construyen y reconstruyen a lo largo de nuestras experiencias y relaciones.

Una niña en la etapa en la que comienza a desarrollar relaciones más complejas con sus padres. En esta etapa, la niña puede sentir una conexión especial con su padre, viéndolo como alguien que tiene algo que la madre no tiene. Esta percepción puede llevar a la niña a pensar que su padre tiene algo valioso y poderoso, que Lacan llamaría el falo simbólico.

A medida que la niña crece, esta idea del falo simbólico puede influir en cómo ve a los hombres en su vida y en cómo forma sus propias identidades y deseos en relación con ellos.

Samuel García

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